Me gusta que los planes salgan bien, sobre todo si se llevan a cabo.

Cuando se hace todo lo contrario a lo que se tiene previsto te hace ver que lo difícil es implantar las ideas que tienes en la cabeza.

Primera carrera popular (y esperemos que no sea la última), de camino con mi compañero de kilómetros hacia la casa de campo, marcando una estrategia para poder realizar los 5 km lo más dignamente posible. Sencilla muy sencilla, los primeros 2 kilómetros de “calentamiento” para ir engrasando la máquina. Y posteriormente ir incrementando el ritmo para acabar fuerte y poder hacer un buen tiempo personal.

Lo que tiene los novatos, llegamos sin poder inscribirnos debido a que esperamos demasiado tarde,…, anuncio del speaker de que puedes inscribirte en el momento. Se nos pone todo de cara para poder contribuir con una buena causa. Pues no, solo había dinero para un dorsal. ¿Y para que llevar dinero a una carrera? Vaya somos dos y no llevo dorsal, en principio no pasa nada, para la próxima. Al rato encontramos a un buen samaritano y me presta el dinero de la inscripción. ¡Ya tengo dorsal!

Quedan 20′, habrá que calentar. Unos trotes, unos estiramientos, una vuelta detrás de un árbol… y nos dirigimos a la salida. Seguimos marcando la estrategia que tenemos muy clara. Seguimos viendo gente conocida y cada vez nos animamos más. Llega la hora de la salida y ponemos en práctica nuestra estrategia, eso si durante 200 metros (bueno que más da) estamos de ánimo hasta arriba, y empezamos a adelantar a la gente. El ritmo es bueno y estamos pletóricos.

En un momento se empieza a ver la meta, mi pensamiento es que no ha sido para tanto, pero claro veo el cartel de dos kilómetros y miro mi pulsómetro,…, y pienso “vaya tenemos un problema”. Mensaje al compañero para que siga a su ritmo y me toca sufrir, me quedan casi tres kilómetros y he gastado gran parte de mis reservas. Mi primer pensamiento es cuestionarme por que no seguí el plan. No solo eso, sino que he realizado todo al contrario.

Lo importante ya no es solo tener una buena idea, sino saber llevarla a cabo. No precipitarse y cubrir los pasos necesarios para llegar al final. Buena lección para la próxima carrera que va a ser un poco más larga.